martes, 11 de noviembre de 2008

Un encuentro casual con un habitante de la calle.

EL HABITANTE DE LA CALLE

José, se llama un hombre de barba espesa, cabellera larga-sucia y en desorden como una madeja sin cuenda, relata que su vida es desgraciada y que no tiene sentido. No obstante no es su desidia total, se siente triste por que está enamorado y ella no le “copia”. Tiene hambre y necesita tan solo doscientos pesos para comerse un pan, aunque en realidad esta porción de harina no sacie su hambre, con tal vez el residuo de su botella de pegante lo pueda disimular.
Tiene 3 hijos, dos varones y una hembra, viven “a ratos” en un hotel por la Jiménez, que tan sólo cuesta 3000 pesos la noche, “estoy peleando con mi esposa, la semana me casco y me metió una puñaleada, y acá uno lo tratan muy mal, me fui a que me atendieran en un hospital y me echaron como a un perro” dice José exhausto.
Al yo estar acompañado con una bella mujer, José hace alusión a ella y me sugiere: “cuídeme a esa Barbie”. Yo sonrío y sigo en la conversación, después de recibir una dádiva de mi parte, la toma con gusto y ese pastel de pollo desaparece en pocos instantes. Yo, tomando el rol de José, un habitante dela calle, errante dela ciudad, expuesto a los diferentes cambio climáticos dela ciudad capital, le prometo un par de chaquetas, que no usaba pero estaban en perfecto estado. “Gracias joven, no sele valla a olvidar, yo tengo buena memoria, mañana lo espero aquí mismo, todo bien” me responde.
Al siguiente día, como lo prometido es deuda, salí de mi casa con un par de chaquetas para entregarle a José. Él estaba a la espera de recibir el par de chaquetas, sentado a la orilla de un paradero, aguardándose un poco en contra de los rayos del sol. “Uyyyyyyy, gracias… Están certeras, si tiene otra, se la recibo: Por que a mi me da mucho frio”.


Análisis del personaje:

Un habitante de la calle, es un vector de pobreza, ignorancia y violencia de un país. La drogadicción y la delincuencia es la consecuencia esta situación.
El habitante de la calle hace parte de la sociedad al ser un componente marginal de una comunidad.

La historia de miles de habitantes de la calle, comprometen en la mayoría de sus casos a la violencia intrafamiliar que los lleva a tomar la decisión de partir de casa errantes, sin un destino y padecer, hambre, frio y la miseria, sumándole a esto la exclusión social y la humillación.

El habitante de la calle promedio es consumidor de drogas, su dependencia a ellas los lleva a rebuscar el dinero de cualquier manera para saciar sus ansias más que a su hambre.

El habitante de la calle al sentir hambre, sed y necesidades fisiológicas, pasa al segundo plano el término “salud e higiene” y su pudor lo cambia por “necesidad”.

Al estar marginado por una sociedad, nadie suele responder por ellos en caso de muerte, en el censo a pesar de hacer un estimativo, la cifra de indigencia en sólo Bogotá

Según el V censo de Habitantes de la Calle, hay alrededor de 8.600 habitantes de la calle en Bogotá.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Cómo dejar de ser un pobre soñador!


De repente me preguntaba ¿cómo dejo de ser un pobre soñador?... Todo lo deseo, pero, ¿porqué no corro con la suerte de tener lo que quiero cuando lo quiero?, abrí la ventana y vi que tan extraño estaba el atardecer, cuando aún eran las 10:15 a.m, esto no puede ser posible, creo yo tener la razón, no es mas que un extraño atardecer. Mi cabeza aún estaba atrofiada cuando un tuerto vecino me deja ver la otra mitad del mundo. SI! - me responde con tono vehemente - Cómo pudiste verlo, todos creen que estoy loco. Sonreí apasionado y despiadadamente luego corrí por el camino en el que el sol no me dejaba ver mas que un árbol a contraluz. Alcance a ver un próspero manzano, y tome un fruto de su parte más alta, tal vez no era la mejor manzana del árbol, pero aún así la quise alcanzar. No fue fácil, menos para un errante de poca experiencia como yo, que apenas había empezado su periplo hace pocos instantes, era un zagal con ganas de llegar a tener canas y vivir para enumerar cada una de ellas con experiencias. Tome una larga rama caída que minutos antes casi me hace tropezar, vaya sorpresa que me llevé cuando´sentí que una de sus púas atravesaba mi piel casi que media pulgada en mi dedo pulgar, el dedo se sonrojó, cómo lo hice yo la primera vez que sentí que me gustaba una mujer - mjumh, suspiré -, eso me dio ánimo a no perder lo que había logrado, ya me había lastimado, en la próxima ocasión simplemente tendría la precaución de no tomar la rama por su parte espinosa, es más, aquella mujer que por primera vez me atrajo me pudo dejar una lección, "nunca le pedí que fuese mi novia por miedo a ser rechazado", ahora, siento que de haber tenido la valentía de hacerlo, no sería un pobre soñador como lo soy ahora, pero de nuevo me nació la pregunta ¿Cómo dejo de ser un pobre soñador?. Impelé una pequeña fuerza que atribuyó al quebranto de un huevo en el nido colorado de una ave copetona que reposaba en aquel árbol. No sabía si tal vez ser obstinado y testarudo me podría ayudar a ser algo o alguien. En medio del desespero, decidí tomar un fruto que había caído [aún sabiendo que no era el que deseaba], pero mi sentido de culpa no me dejaba avanzar, ya había caído en el anzuelo de la rama que me hizo pinchar con su armadura defensiva, luego, arrebaté el derecho a vivir a un ave, pero lo peor es que mi idea no la pude alcanzar. ¿Porqué?, tal vez no había caminado lo suficiente para encontrar la respuesta adecuada, tal vez no era lo suficientemente canoso para decidir que hacer o cuando quería serlo, mis ideas eran sordas, carecían de argumentos y mi objetivo estaba mas allá que lo que en realidad quería, ¿quería la manzana o alcanzarla?. Es verdad, sólo quería alcanzar la manzana, por ende lo hice, tome la decisión correcta. Me devolví y tome la manzana. ¡Pff, eso suena fácil! - Murmulla el lector-, jaja... me reí y tomé un poco de valor para volver a entender este estúpido sueño, salté muy alto, tuve la osadía de recuperar la esperanza, y tras las derrotas que ya había tenido, tras las perdidas ajenas que ocasioné tuve el ingenio de hacer hablar mis ideas y rama tras rama escalé hasta llegar a ella, esa manzana fue mi victoria, tenía el sabor glorioso que sólo saben interpretar quienes hacen la historia, los vencedores. Respondí mi pregunta con una respuesta que estaba en frente de mi. La mejor forma de dejar de ser un pobre soñador, es DESPERTAR!.